MENTIRAS FRESCAS

martes, 28 de octubre de 2014





Las buenas mentiras tienen que ser como el buen pescado, frescas. Las que se repiensan, las que se planean huelen mal.
Un mentira fresca te la crees y te la tragas, aunque después te repita el sabor y pases mala tarde.
El que miente sabe que lo está haciendo, y por mucho color que añada a la cara, en los ojos se lee "te estoy engañando; quiero hacerte creer que va a ser posible y no lo será".

Las mentiras con caras de verdad, te las crees por bondad, por darle una oportunidad al mentiroso; la mentira de moda, es la del te lo hago gratis, te ayudo, te echo una mano; pero después llega la mentira fresca, el no me vengas con exigencias, encima que te he ayudado y la cara de payaso se va llenando con más colorines y un poquito de pedrería de la falsa.

Es tiempo de trueques, de pagos olvidados, de déjamelo un tiempo. Esos cambios, esos interminables olvidos, esos lapsos eternos de colaboraciones no retribuidas; sólo nos llevan a disfrazarnos de desconfianza, a mentir lo más frescamente que podemos diciendo: "no te preocupes cuando puedas".

Lo más simple sería poner un precio y , si te gusta, pagar a la recepción, con la cara lavada y los ojos brillantes, tan frescos, tan de verdad.

Cualquier trabajo es dedicación, esfuerzo, ilusión, horas y horas de empeño; no dar nada a cambio, o pedirlo gratis teniendo posibles, me parece un mentira de las frescas.

No más gratis por favor, no más circos.









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