MIUCCIA PRADA LIKES MISTAKES

martes, 31 de marzo de 2015



Hoy me he pintado los labios de rojo y he estrenado unas sandalias que Miuccia ha bendecido previamente diciéndome, no te equivocaste, desde el primer día supiste que eran perfectas. Las elegí rápido, un vistazo invernal paseando por la tienda, impecables, justas , como hechas para mi.
Hoy he comprobado que no me engañó esa ojeada de invierno; al observar las infinitas posibilidades antes de decidirme, yo lo tenía claro. Serían esas.

Sobre mi mesa no es tan fácil, hay miles de versiones de mi misma en forma de corazón, hay ideas antiguas, actuales, las que compuse ayer y lo que imagino para lo próximo. Elegir una de todas las opciones me da vértigo, cerrar lo inacabado y hacer  algo con ello me hace dudar, no es fácil; sobre todo porque tiendo a pensar que voy a equivocarme. Aunque después salga bien, creo que no dejo que los errores sucedan.

En el desfile de invierno de Prada aparece un abrigo de cuadros, algo extraño porque no tiene que ver con la colección, nadie del equipo quería incluirlo, pero ella se empeñó en que ahí debía estar, porque aunque pareciera un error, era el punto de atracción que haría destacar al resto, demasiado monótono en su opinión. A Miuccia los errores le gustan.

Delia busca ese abrigo, disfruta de ese error.


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DOS EN UNA

miércoles, 11 de marzo de 2015



Creo que todos tenemos un doble; no de esos que te encuentras por la calle y te asustas, porque ves a otro igual que tú, a mi esa la casualidad siempre me ha parecido muy de fenómenos extraños.

Ese doble que nos sorprende y nos asusta al mismo tiempo, lo llevamos al lado, adentro y a veces hay que prestarle el abrigo porque sin venir a cuento se adormila y quiere tirar de ti  para que le acompañes en su cabezada, y tu; siempre alerta, despierta, segura y jefa; le dejas el abrigo, le sujetas la cabeza y le dices, cinco minutos doble, pero después, espabila.

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LOVE MACHINE LARA STONE

viernes, 6 de marzo de 2015



El otro día pensaba si sería rentable tener un robot en casa, de esos que te ahorran trabajo. Limpian cuando hay que limpiar, saben cuando hay que cambiar toallas y sábanas, cuando falta jabón y no se pasan con el suavizante. Una máquina tan interesante como la lavadora-secadora.

Un robot para ordenar fondos de armario, un experto en básicos y en complementos apañados; cada noche pondría en una silla la ropa del día siguiente, los zapatos de lluvia o las sandalias de tiras. Antes habría comprobado la previsión del tiempo, y en caso de temporal hasta podría llevarte en brazos al trabajo; y cuando acabes pasarte a recoger.
Un robot amoroso y práctico a la vez.

Una máquina sin sentimientos, emocionalmente estable, sincero y detallista; un buen conversador, de esos que llaman al pan pan y al acero inoxidable acero inoxidable; un asesor en tus dudas, un incansable contando historias cuando no puedes dormir, un perfeccionista en el aquí te pillo aquí te mato sin destrozarte la falda de paillettes; un amigo del alma que te lee el pensamiento  cuando tu no puedes pronunciar palabra, un ser eléctrico que te saca del mal sueño, ese en el que , de repente tu máquina se vuelve color carne, imperfecto, desmemoriado y cobarde con el orden, sin concierto lógico, inconscientemente mentiroso ; cuando a ti te parezca tremendamente humano, despertarás diciéndole:"Eres un amor de máquina; ¿donde nos habíamos quedado?"; déjalo hacer Lara Stone, tú eres humana.







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GISELE BUNDCHEN HABLA KAKHI

martes, 10 de febrero de 2015



Alguien me dijo una vez que el color camel hace rico; vamos, que cuando vistes de camel vas hablando de fortuna, llevas encima una apariencia de solvencia y patrimonio.
-"Puede ser"-,  le contesté a ese alguien; imaginé un camel acomodado con esclavas de oro en cada muñeca, añadí más camel en camaieux de beiges consiguiendo así un parloteo máximo de riqueza "último grito", que las camel de toda la vida, son muy fans y lo van cantando.

Yo soy anticamel y sus derivados; no me preguntéis porqué, a mi me da antes por el negro frugal, sobrio y contenido que por el camel de la abundancia. Y si, también soy muy fan.

Sin pronunciar palabra hablamos con lo que vestimos, adrede o sin darnos cuenta, nos guarecemos detrás de un color y dejamos que hable por nosotros; parece ser que las de negro somos sobrias y las del camel ricas. Y, oye, tan amigas.

A Gisele le cambian el color en cada editorial, y dejan que hable por los codos de kakhi en el Vogue UK






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