
Caminar por Madrid a la tuya es de lo más habitual , encontrarse con alguien conocido ya no lo es tanto. Esa sensación que hay en provincias de " todos me conocen" , aquí se transforma en "nadie conoce a nadie , para qué te vas a preocupar" ; a mí eso siempre me ha gustado .
Así que cuando el otro día me encontré con Lucía , tuve un " madre mía cuanto tiempo" , "qué alegría verte por aquí " como hacía mucho había tenido . Ella , creo que se sorprendió igual que yo , muy educadamente saltó : " ¡ Chica estás igual ¡ " .
Pensé : "Igual es imposible; porque no sólo han pasado muchos años , sino muchas cosas desde la última vez ".
Mi don , o mi defecto de no saber mentir , hizo que me callara ; si , por aquello de que el que calla otorga , porque yo no la veía igual ; después de dos cafés y un montón de puestas al día , me confesó una serie de desastres que le habían agujereado el alma , la paciencia y la figura .
El sol le daba por la espalda , y ese contraluz la desenfocaba todo menos la voz , que describía sus agujeros como si fuera un encaje mal dibujado ; un tejido al que no puedes llamar feo , pero que imaginas que se enganchará facilmente .
Escuchar , es de pocos ; y , algunos días hasta de locos . Que hay gente que se tapa los oídos y suelta un a mi plin descorazonador . Lucía no estaba igual , que más hubiera querido ella .
No quise decirle ten paciencia , porque bastante me lo repiten a mí . No la consolé con un Dios proveerá , que es la frase que más nerviosa me pone cuando me la dice mi madre ; por la gran cantidad de resignación que contiene . No le dije todo se arreglará porque no estaba segura de que así fuera .
Y ni se me pasó por la cabeza lo de "a mi también me pasa " , aunque me acabara de pasar .
La escuché , sí , hasta que se le acabó el tejido , no hubo para más agujeros , hasta que se desgarró .
Entonces , el sol cambió y su calor me hizo un guiño , le dije : Lucia ¿ tú te acuerdas lo bien que lo pasábamos ? , recuerdas cuando decíamos dónde estaremos después de diez años ? , yo me acuerdo mucho . Siempre pensé que estaríamos bien .
Y eso que no han pasado diez , sino más de veinte , una barbaridad de tiempo , ¡ como para estar igual ¡; ella recordó entonces aquel uniforme rígido , aquellos zapatos con nombre de mono y se rió .
A mi la risa se me contagia , por escasa y cantarina ; y decidí que reír era la respuesta ; la única solución para tapar aquellos agujeros .
No estaba segura si emborracharla aumentaría la alegría , para mí , lo de bebe y olvida no funciona ; pero me arriesgué : le dije ven a casa , le serví un vino y le puse música a todo volumen .
Brindamos por los zapatos con nombre de mono , por aquella monja que nos hacía diseccionar saltamontes , por los premios de dibujo , por las mil yenkas que nos bailamos , por las meriendas con chocolate , por los primeros cien vinos , por las mil dudas , por los miedos tontos , por la voltereta lateral .
A Lucía la despedí con un beso , un mail de contacto y muchos menos agujeros que cuando me la había encontrado.
No estamos igual , pero estamos muy bien . Anda que no nos queda tela de la cara todavía .
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