TACHONES CON CINTURÓN

lunes, 29 de septiembre de 2014



Suelo tener claro lo que no me gusta; mis ojos, habitualmente hiperactivos, se vuelven vagos cuando ven algunas cosas. Hacen como que no han visto nada, pero la verdad verdadera es que no quieren mirar; se niegan a releer lo que hace por lo menos veinte años leyeron, y, aún siendo una novedad, (con lo que le gustan a mis ojos lo innovador) miran hacia otro lado y ruegan que no aparezca un moldeado más; si, ese efecto de pequeñas ondas con el que nos engañaron a muchas prometiéndonos más volumen y duración infinita del peinado; a mi me costó años que desapareciera el efecto; he borrado esa época de mi vida, quemé todas las fotos.

Mis ojos remolonean también con el kimono, prenda que en occidente estila como salto de cama o de recibir; que queda precioso en las películas sin nada debajo porque no hay manera de que el cinturón se quede en su sitio. Por lo general son de raso, un tejido que no es santo de mi devoción, tiene un brillo frío, resbaladizo y un poquito distante. Yo recibo en algodón tan ricamente. Llevar el kimono a la calle es lo mismo que el pijama; lo intentan, pero no funciona. El chandal, muy a mi pesar, sigue siendo el rey. Fotos con kimono, que yo sepa, no tengo.

Las corbatas en mujeres, son difíciles; en cambio, las camisas dan mucho resultado. Ver a las dos unidas de nuevo, a mis ojos les sigue chocando. Vamos, que continúan sin entenderlo; ellos a la corbata la contemplaron siempre como un caparazón ; un complemento tramposo que se ha quedado para vestir santos. Mi profe de yoga me dijo que era ideal para hacer estiramientos a falta de la típica cinta; sería la única forma de pillarme en una instantánea con corbata

Descubrir en una foto las tres cosas tan juntas: moldeado, kimono de raso estampado, corbata fue un ¡no puede ser¡, ¡otra vez no¡, me lié a tacharlos con mi rosa atolondrado, zas, zas, zas¡ mis luceros bizquearon, Delia tranquila que te va a dar algo¡

Algo quedó destacado entre las líneas rosas; mis ojos avistaron algo, se abrieron más de la cuenta recuperaron el enfoque; toc, toc, Delia mira con nosotros , ¿qué eliges si te dan opción? ¿qué guardas en el cajoncito de tu cabecita inquieta ? ; ¿hay algo ahí?  -les digo- ; rápidos y revoltosos contestan: el cinturón.

Lo admito, en ese momento  me  reconcilié un poco con el kimono: por lo de cruzado y sin cuello, el raso, el moldeado y la corbata continuaron en la lista de nunca jamás . Sin embargo, el cinturón era una posibilidad más para mi nuevo abrigo.

Me abandono, lo acepto, consiento, no hay cruz y raya que valga; nada es lo mismo, sólo se mueve en otra dirección, mira que cambio; así si que quiero una foto.



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ABRIGOS CON POSIBILIDADES

martes, 23 de septiembre de 2014



Oir, con otra voz que no es la tuya, las palabras que definen como te sientes, es reconfortante.
Escuchar a esa persona decir que sabe qué hacer para que todo empiece a funcionar después de tanto tiempo de desconcierto, es mágico.
Siento que no desfallecer al buscar ha merecido la pena, que he hecho un buen trabajo.

Hoy he conseguido que mi bolso pese menos y me he comprado un abrigo oversize, bicolor y difícil, pero no imposible, que es como lo veo yo todo ahora; algo abstracto, informe pero emocionante, ligero, con textura de franela templada y posibilidades infinitas.


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DESMELENE

lunes, 15 de septiembre de 2014




Empieza el trayecto, el tiempo del desmelene que supone no saber que va a pasar; ignorando
si serán días agitando la cabellera al paso de carrera natural; o galopes sin respiro.

Como un caballo desbocado, que se acerca salvaje, flamante, cual ardiente aprendiz de todo lo que está por venir, crines al viento, lanzado y feliz.



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JARDINES PLETÓRICOS

viernes, 12 de septiembre de 2014



Antes de dejar el mar, no puedo olvidarme de llamar al jardinero, decirle que esto se acaba  y que cuando toque venga a podar el jardín; como cada año.

Dejo un jardín exuberante; y, si algún día de entre tiempo me da por hacerle una visita, seguro que me lo encontraré desmandado, ocultando la tarima, apropiándose del balcón del vecino, superando los límites. Podría ser un jardín manta, ideal para cuando empieza a hacer fresquito; eso sí, de mancharte los zapatos no te libras.

A un jardín no se le puede decir hasta aquí llegas, o no pases de esta marca; respeta el espacio de las flores. Comentarle a la hiedra que no invada los espacios es inútil, ella campa a sus anchas, libre y trepadora.
El jazmín, me parece a mí más apocado; va lento pero seguro y se expresa por las noches con su olor inconfundible.
Miuccia, la palmera este año está en plena adolescencia, dando pataletas en forma de tonos amarillos; y nos preocupa, vamos a tener que cambiarla de colegio.

El césped nos avisa cada quince días que toca peluquería, vamos juntos, y de paso hacemos un repaso de revistas.

El jardín, es aquí uno más de la familia, tiene su carácter eso si ; es muy extrovertido, nos cuenta con palabras de color verde, se queja si le duele con color amarillo y , cuando no para de reír explota en forma de buganvilia fucsia.

Cuando regrese a verlo, lo más seguro es que lleve puesto un abrigo de forma descuidada, me contará que las hojas se le han hecho un lío, que no ha sido su intención montar ese desorden; la excusa de cada año cuando se le deja solo.

Entonces me cobijaré en su abrigo de desconcierto verde y le diré: "Tranquilo, estoy aprendiendo a convivir con el desbarajuste, volveremos a empezar; no me importa que se manchen mis zapatos".

Gracias por este verano.

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