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COMPRENDER

domingo, 20 de septiembre de 2015



Nadie puede comprender la muerte hasta que le toca, y al que le toca, por más que nos gustaría, le es imposible contarlo.
Contarlo es tarea de los que nos quedamos aquí, sin poder concebir lo que ha pasado.

La muerte no se puede adivinar tampoco, podemos intuir una fecha de caducidad aproximada, no hay código de barras que asegure el porqué, ni el como, ni el cuando, ni el donde; las grandes preguntas.

Vivimos sin pensar en ella pero tarde o temprano nos abraza; un hola aquí estoy, prepárate; y, por mucho que nos hayamos planificado para la carrera, la puñetera nos alcanza.

Yo he dejado de razonarla; hace cinco años tuve que ir a recoger unos efectos personales, le di vueltas y más vueltas, pero no llegué a ninguna conclusión. Mi padre me abrazó una mañana diciéndome adiós y, sin aviso ninguno, la muerte le devolvió el abrazo.

Nadie puede comprender el cáncer hasta que le toca, y sí, suele tener un tiempo para contarlo; la familia intenta aclararse, prepararse, aceptar que es mejor que la muerte lo abrace con el máximo cariño; pero cuando ese día llega todo se vuelve incomprensible.

Con preaviso o de sopetón la muerte es enrevesada, no hay manual. El cuaderno de viaje es lo que nos queda, lo que hemos hecho cuando estábamos vivos; la muerte es una firma al final de ese cuaderno, una rúbrica obligada y difícil de entender.


* Todo mi amor para Daniel, que anoche perdió a su padre, después de cuatro años peleando, como un valiente, contra un cáncer.

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FECHAS BORDADAS, CORAZONES POR ENCARGO

jueves, 15 de enero de 2015



Hoy he tenido un desacuerdo en fechas, contaba 10 más uno y, la otra parte, contaba 12.
Yo, que apunto en libreta, calendario y móvil; que recuerdo cumpleaños, aniversarios y fechas de enamoramiento (esas son las que cuentan); he dudado de mí, tanto que hubiera apostado el corazón bordado en mi abrigo (pequeñito, hecho a mano y por encargo) defendiendo mi 10 más uno; sí, todo al rojo.
Al llegar a casa he cogido el calendario del año pasado, he contado otra vez, apuntado, y recordado; aunque mi cabeza me decía: ¿no tienes otra cosa que hacer?, mejor come; que estás muy flaca, o descansa; que has estado enferma. Mi cabeza es un sargento.
Yo contaba, coloreaba con ganas, y, mientras, el corazón de mi abrigo me miraba con cara de pocos amigos porque lo había apostado, él ya se veía en otras manos, en otro abrigo que igual no lo quería tanto como yo.
"Tontorrón, que son cosas mías, que yo a ti no te cambio por nada de este mundo, ¿no ves que te he encargado para mi? ¿ quién te va querer mejor que yo?"
Sin embargo pensé que no podría encargar otro más, por respeto al pequeño; por todo ese amor que acababa de declararle; entonces le puse fecha ( por lo de que nada dura para siempre ) y , mientras marcaba con rotulador fluorescente la próxima fecha, con un lápiz negro el motivo de mi visita; imaginé un día, un mes y un año para llevar a bordar en pequeño junto a mi corazón por encargo.






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